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Nuestra historia

Año 2003, este año marca el inicio de un proyecto de vida...

El concepto de Monte Azul nace durante unas vacaciones. Carlos Rojas es costarricense, criado en la ciudad de San Francisco, California, una vibrante metrópolis reconocida por su creatividad y espiritú de innovación. Randall Langendorfer es norteamericano nacido en Indiana, cerca de la gran ciudad de Chicago, y después de unos  años en Chicago, se traslada a vivir su vida como adulto en San Francisco.

A pesar de que Carlos acaba de abrir su nuevo negocio, una galería de arte, Randall insiste en que unas vacaciones era lo necesario para recargar las energías y ambos viajan a Costa Rica por 22 días –un viaje que cambiaría la trayectoria de sus vidas para siempre.

Randall se enamora de nuestro país, y menciona que le parecería lindo vivir allí...

Al escuchar esto, Carlos no pierde em tiempo y le plantea la idea de un sueño que tiene desde sus años universitarios. Este consistía en crear un lugar en donde los clientes podrían llegar a practicar sus talentos artísticos, y desarrollarlos bajo la inspiración de la paz y bella naturaleza que ofrece Costa Rica.

Durante tres años buscan el sitio ideal y logran encontrar una finca pintoresca en la ribera del Río Chirripó Pacífico, cerca del espectacular Parque Nacional Chirripó.

 

EL concepto es sencillo pero innovador: invitar artistas a producir obra, y a los coleccionistas de arte a compartir el lugar de inspiración, y así de compartir en la experiencia.

Así, la musa que es este entorno, ofrece además de inspiración, una galería vestida de boutique hotel, y una manera alternativa de crear y comerciar el arte, un concepto sui generis que capta la atención de los medios internacionales con artículos y premios de ArtNewsCondé Nast Traveller, Food & Wine, Travel & Leisure, y nacionalmente en Su CasaEl Financiero, entre otros.

Al grano de este grande, y a la vez pequeño experimento, es la creatividad, el arte en todas sus manifestaciones, o sea la habilidad de resolver con creatividad y mantener la autenticidad.

Para recibir nuestros clientes, decidimos prescindir del proceso convencional del "check-in", y en lugar, les recibíamos como amigos, invitándoles a una copa y una bandeja de delicias nacionales en lugar de ponerles a llenar formularios.

Carlos, amante de la gastronomía, no encuentra un proveedor de quesos de cabra, insistiendo en este producto por su particularidad distintiva, y por ser apto para el consumo de la gran mayoría de visitas, incluyendo los sensibles a la lactosa, el gluten, y vegetarianos, además de ser algo completamente inesperado en las montañas cubiertas de bosque lluvioso.

Randall, botánico y emprendedor, le interesa este reto, y buscan una solución creativa, comprando un libro de la autora Giannaclis Caldwell. A la vez consiguen tres cabritas, Betty, María y Heidi, y en el año 2008 aprenden a elaborar el queso Chèvre y además algo que en ese entonces era totalmente desconocido en Costa Rica, el yogurt griego.

Junto con Melissa, quien se integra al equipo del año 2009 al 2019 y comparte muchos de los mismos valores, intereses y talentos, y ahora con Dixon desde el 2017, aprendimos que elaborar un buen queso y buen yogurt, es tanto una ciencia como un arte. 

Hoy día la demanda del público sigue creciendo y entramos al mercado con productos diferenciados por su alta calidad y originalidad, y al ahora contamos con un recetario de más de 30 productos. Aún así nunca terminan los experimentos de estos artistas queseros...